La época en que el rock se plantó ante al racismo para salvar su propio espíritu libertario

Aunque las distintas manifestaciones actuales de artistas de rock en repudio al racismo, tras el asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd por parte de la policía, parecieran lógicas en un género que tiene sus raíces en los ritmos negros y se caracteriza por su espíritu libertario, hubo una época, a mediados de los 70 en el Reino Unido, en que debió crear un movimiento para enfrentar manifestaciones de odio racial en su propio seno.

Se trató de “Rock contra el racismo”, una organización surgida en 1976, como reacción a unas expresiones de Eric Clapton en las que despotricaba contra la presencia de negros en su país, y a unas actitudes pro-fascistas mostradas en aquellos días por David Bowie.

Por primera vez en su historia, el género que conceptualmente suponía un grito de rebeldía contra las injusticias establecidas se encontraba cara a cara con el racismo, a partir de las posturas públicas de dos megaestrellas.

A pesar de que este movimiento tuvo corta vida, su intensa actividad dejó como legado la idea de que el rock no toleraría expresiones que apoyen la discriminación de cualquier tipo y prácticamente obligaría a posicionamientos públicos en determinadas circunstancias, tal como ocurrió el pasado 2 de junio, cuando toda la industria musical se paralizó en apoyo de las masivas protestas por el asesinato de Floyd, en lo que se conoció como el “Blackout Tuesday”.

Bajo el lema “Love Music, Hate Racism” (“Ama la música, odia al racismo”), “Rock contra el racismo” nació a partir de la gran cantidad de adhesiones que recibió una carta abierta, publicada en la prestigiosa revista especializada New Musical Express, firmada por un grupo de activistas encabezados por Red Saunders, Roger Huddle, Jo Wreford y Pete Bruno; en la que increpaba a Eric Clapton por sus manifestaciones durante un concierto brindado en agosto de 1976, en Birmingham.

En tiempos en los que atravesaba una de las etapas de mayor adicción al alcohol, el “dios de la guitarra” comenzó a balbucear en medio de su concierto palabras de apoyo para el político ultraconservador Enoch Powell, quien propiciaba la expulsión de los extranjeros del Reino Unido.

“Enoch tenía razón. Deberíamos echarlos a todos”, dijo un Clapton totalmente alcoholizado, para luego emprenderla contra los negros y advertir sobre la necesidad de que Gran Bretaña “siga siendo blanca y no se convierta en una colonia negra”.

“Vamos, Eric, admitilo, la mitad de tu música es negra. Sos el mayor colonizador del rock. Sos un buen músico, pero ¿dónde estarías de no ser por el blues? ¿Quién disparó al sheriff, Eric? Seguro que no fuiste vos”, replicaba la carta, que aludía así a “I Shot the Sheriff”, el clásico de Bob Marley conocido en Inglaterra por una versión realizada por el propio Clapton.

Ese año, un cocainómano David Bowie, que por entonces se presentaba públicamente bajo el ropaje del “Duque Blanco”, había expresado su admiración por Adolf Hitler y por toda la iconografía nazi; y había realizado el típico saludo del Tercer Reich durante una recorrida promocional de su disco “Station to Station”.

Vamos, Eric, admitilo, la mitad de tu música es negra. Sos el mayor colonizador del rock. Sos un buen músico, pero ¿dónde estarías de no ser por el blues?

carta abierta del movimiento Rock contra el racismo

Ambos hechos confluyeron para que se pusiera en marcha el movimiento que se caracterizó por acciones y festivales en contra del racismo, en donde participaban mayormente bandas relacionadas con la movida punk y el reggae, cuya cara más visible fue The Clash.

Entre las acciones se organizaron los “Carnavales contra el racismo”, el primero de ellos en octubre de 1976, en la zona londinense de Notting Hill, en donde se produjo una violenta revuelta tras la agresión de la policía a un ciudadano negro.

Precisamente, The Clash creó la canción “White Riot”, inspirada en esos sucesos, e ilustró la tapa de su disco “Black Market Clash”, con una famosa foto de ese día, en donde se ve a Don Letts, emblemático DJ, músico y documentalista de la movida punk, nacido en Jamaica, enfrentando en soledad a un nutrido y bien armado cordón policial.

En abril de 2017, en medio del festival Bafici, Letts visitó nuestro país y, en una extensa charla con Télam, contó lo ocurrido ese día y desmitificó su accionar.

“Esa foto es una mentira porque se me ve a mí y a la policía, pero no se ve que detrás mío había cientos de personas negras con ladrillos y botellas listos para tirárselos a la policía. La situación es que miro adelante y veo policías, miro atrás y veo a esa gente. ¿Qué hago?. `Me voy de acá´, pensé, porque Don Letts no es estúpido (risas). Es importante que la gente entienda que no fue un disturbio racial, sino que fue una cosa entre lo que estaba bien y lo que estaba mal”, expresó.

Y reflexionó en torno a las expresiones racistas de Clapton y Bowie: “Clapton nunca se disculpó por eso. Es triste para un artista que basó toda su carrera en la música negra. Por ejemplo, David Bowie también dijo cosas estúpidas sobre Hitler pero cuando le preguntaron años más tarde dijo que era joven, estúpido y se drogaba. Aceptó su responsabilidad, pero Clapton no lo hizo nunca y, por algún motivo que desconozco, nadie dice nada sobre esto”.

Precisamente, Bowie acusó recibo de las revueltas ocurridas en 1991, cuando la policía de Los Ángeles apaleó en 1991 al ciudadano negro Rodney King, y reparó los errores del pasado con su disco “Black Tie, White Noise” (“Lazos negros, ruido blanco”), de 1993.

Los “Carnavales contra el racismo” fueron creciendo en popularidad cada año, al punto que en 1978 logró reunir a unas 80.000 personas por las calles de Londres, que marcharon desde Trafalgar Square hasta el Victoria Park para asistir a un festival que tenía a The Clash como principal atracción.

El movimiento también tuvo algunas ramificaciones orientadas a luchar de manera focalizada contra las desigualdades de distinta índole, como el caso de “Rock contra el sexismo” o “Rock contra el fascismo”.

Hacia principios de los 80, la organización fue languideciendo, pero la semilla plantada sentenció que el género no toleraría de manera institucional expresiones que propulsaran el odio hacia las diferencias.

Por Hernani Natale

TELAM

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